LAZOS DE ALMA
Al alba, camino sin rumbo y, sin saber cómo, vuelvo a ese pequeño banco del Jardín de la Tamarita donde quieta, pensativa, observo a la gente pasar y a un grupo de palomas que se acercan y me rodean en busca de algo para picotear. No tengo nada, nada que ofrecer a nadie, ni tan siquiera a las palomas, las cuales, en silencio, brindan compañía. Siento como se agota el tiempo, siento buscar algo sin encontrarlo. Enfoco todo el esfuerzo en recordar, lo intento, de veras, pero sin éxito, sin mis recuerdos, sin saber quién soy. Pasan las horas, y sigo en La Tamarita , cansada de estar sentada, de pensar y pensar sin ningún resultado, de mirar fijamente a esas pequeñas palomas que ya no me prestan atención y se marchan hacia a un señor que les ofrece pan y, por supuesto, se antoja mejor compañía. Decido, entre pasos vacilantes, dirigirme a un pequeño estanque en el que mi figura se proyecta sobre el agua. Sorprendida, retrocedo; no sé bien lo que esperaba encontrar ...

